· Es posible que creas que eres feliz; suficientemente feliz... O quizás no. Lo cierto es que la gente tiene necesidades. Muchos sufren, a veces indeciblemente. ¡Hay tanta injusticia! Aunque no sea muy popular hoy, la Biblia dice que “todos hemos pecado y estamos lejos de Dios y de su gloria”. Necesitamos reconocerlo.
· ¿Piensas ser autosuficiente? Te bastas a ti mismo; no necesitas sermones. Pero cuando uno está en necesidad, la ayuda de alguien que realmente pueda tenderle una mano es vital. Aunque la incredulidad y la indiferencia religiosa sean hoy grandes, sólo Dios puede ayudarnos a superar las limitaciones de nuestra propia condición. Nuestra capacidad, o nuestros méritos, nuestra religión, incluso, no bastan. Isaías declara que “nuestras buenas obras son como un trapo sucio... Nuestros crímenes nos arrastran como el viento”.
· ¿Pasas de Dios? : Pues Él es el que realmente ha hecho algo por ti: “Pues tanto amó Dios al mundo, que dio a su hijo único, para que todo el que cree en él no muera, sino que tenga vida eterna”.
· ¿Qué puedes hacer?: No es tan difícil. No se trata de hacer un esfuerzo sobrehumano, o de intentar cambiar de vida. De hecho no puedes hacerlo por ti mismo. Lo que sí puedes es aceptar lo que Dios te da de forma gratuita: su propia vida. “El pago que da el pecado es la muerte; pero el regalo que da Dios es vida eterna en unión con Cristo”.
· Los cambios los hace Dios: “A quienes le recibieron y creyeron en él, les concedió el privilegio de ser hechos hijos de Dios”; un cambio de naturaleza que marca la diferencia: “el que está unido a Cristo es una nueva persona. Las cosas viejas pasaron; lo que hay ahora, es nuevo”.
· Haz tu propia decisión hoy mismo, ahora: no dudes en buscar ayuda al respecto. Dios siempre atiende a quien le busca. Puedes tener una conversación con Él en la que puedes decirle:
- Que reconoces tu condición pecaminosa: eres culpable -como lo somos todos- de haber ofendido a Dios y al prójimo de muchas maneras (no importan los detalles, sino la condición de pecador). Pídele perdón por tus pecados.
- Que entiendes que por tí mismo no puedes ser mejor, no puedes dejar de hacer el mal ni puedes salvarte. Las buenas obras no bastan, ni las penitencias y, por tanto
- Que aceptas que sea Él quien te salve por medio de Jesucristo, el Salvador; que aceptas que sean sus méritos y nos tuyos los que cuenten...
- Haz una decisión: seguir a Jesús para el resto de tu vida, que su Palabra sea tu guía, que su Espíritu Santo sea tu fuerza.
NO SE TRATA DE UN CAMBIO DE RELIGIÓN SINO DE UN CAMBIO DE VIDA.